ELEGÍA a un inmortal mi padre

                       I

La parte de mi que no respira

extiende en tu fosa su piel

cubierta de escaras.

Renuncia a sus jugos,

latidos confinados, imposibles,

ademanes de alas.

Tú pasado ahora sin plumas

niega este presente sin vuelo.

¡Quiero latir contigo, volar sin aire!

en los secretos dominios

donde el pulso ya no existe.

 

                II

Los ojos de mi padre

bajo llavetierra

irrigan en mis cuencas

su mirar exangüe…

y a veces veo

caídas de la luz,

hondones de huesos;

es un mirarse de espaldas

al espejo.

 

                III

                                    Te vivo en nuestra muerte

y no la luz o el calor en mis sentidos.

En tu anomia nos llamo

y nos encuentro a solas,

a solas de los vivos,

a solas tú y yo, aunque respire,

a resguardo del tiempo.

 

                                                          (Coda final)

Soy una luz que trepa,

un delirio

y asciendo en llamaradas las brechas de la noche.

En esta ascensión de amor invertebrada

invoco a los heraldos de la muerte

y los beso

pues es en las caídas de los Cristos

que podemos rezar el cénit con el alma.

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